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Elecciones en Perú: Entre el Socialismo Radical y su Posible Modernización

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7 junio 2021 Gerardo Traslosheros

América Latina se debate entre una derecha relativamente indiferente a los problemas sociales y una izquierda radical bolivariana y totalitaria que se inspira en el comunismo del siglo pasado. La derecha no logra concretar un desarrollo económico suficientemente incluyente, lo que da pie a la izquierda radical que busca eliminarla. La izquierda latinoamericana ha estado sometida ideológicamente a la visión radical del comunismo de Cuba, y no ha adoptado una visión social democrática que permita una mayor justicia social, sino que ve a la propiedad privada como el enemigo para vencer, algo que ha sido abandonado por China y Vietnam. Perú se decide entre el socialismo radical de Pedro Castillo, del Partido Perú Libre, y la derecha extrema de Keiko Fujimori, del Partido Popular.

América Latina es una de las regiones más desiguales en el mundo y, aunque ha logrado mejoras sustanciales en las últimas décadas, al parecer no han sido suficientes. El padre de Keiko, Alberto, está hoy preso por corrupción y violación de derechos humanos, después de haber colocado a Perú en el camino de la modernización con una economía de libre mercado abierta al mundo, no sin haber cometido faltas muy graves. Como sucede en otros países latinoamericanos, existe una izquierda radical bolivariana en Perú que se nutre de la desigualdad y la pobreza que persiste, como sucede en Colombia, Chile y en México. Estos cuatro países son los miembros de la Alianza del Pacífico, países que se han modernizado y hasta hace poco habían sido modelo de estabilidad y crecimiento, pero que se han visto asediados por una izquierda antidemocrática, aliada de Cuba y Venezuela. Perú hasta antes de la pandemia era una de las economías más prósperas de la región, con una tasa de crecimiento de casi 6 por ciento en promedio, entre las más altas del mundo. Además de la Alianza del Pacífico, Perú tienen acuerdos con el CPTPP (por ratificar), China, Estados Unidos y la Unión Europea, entre otros. Desde 1990 con el presidente Alberto Fujimori adoptó un modelo neoliberal con apertura lo que le ha permitido crecer y reducir la desigualdad, aunque no lo suficiente.

En los últimos años a pesar de progresos en derechos humanos desde la insurgencia de los años 80 del siglo pasado, muchos problemas de marginalización persisten en Perú. Los escándalos de corrupción han azotado a los gobiernos de derecha de las últimas décadas en Perú lo que ha generado un hartazgo. Las últimas elecciones se tuvieron el 11 de abril del 2021 donde Pedro Castillo del partido socialista Perú Libre resultó ganador de la primera ronda seguido de cerca por Keiko Fujimori. La segunda vuelta se llevó a cabo este 6 de junio, y con 93.6 por ciento de las actas contabilizadas, Fujimori tiene 50.01% contra 49.99 % de Castillo. Falta contabilizar el voto de algunas poblaciones rurales y el voto de los peruanos en el exterior por lo que el resultado sigue en el aire. La campaña ha polarizado al interior indígena marginado con la costa mucho más moderna. La Pandemia ha sido devastadora con más de 180 mil muertes, con una de las tasas más altas de mortalidad del mundo. El año pasado su economía se contrajo 11 por ciento aumentando el número de pobres en 3 millones de una población de treinta millones. El manejo de la pandemia ha sido desastroso.

Perú enfrenta el dilema entre dos visiones antagónicas no vista desde los años 80 cuando hubo el conflicto con la guerrilla maoísta del Sendero Luminoso que fue combatida por Alberto Fujimori. Keiko es parte de una élite muy impopular frente a Castillo quien enarbola el descontento popular enardecido por la pandemia con sus estragos en vidas y pobreza. El voto en favor de Keiko es en buena parte por el miedo que representa Castillo, líder de un partido marxista quien habla de nacionalizaciones, suprimir la suprema corte y cancelar el congreso para escribir una nueva constitución socialista radical. El modelo peruano ha mostrado sus fallas derivadas de la desigualdad persistente, no obstante haber reducido la pobreza del 58% a fines de los años 80 al 20 por ciento en el 2019, pero que aún carece de redes de seguridad social. El progreso no sirvió para mejorar la calidad de los servicios públicos y la crisis del Covid ha dado un gran impulso al socialismo radical.

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